El estrés no siempre es malo

A pesar de la mala fama que tiene, el estrés no siempre es malo. En muchas ocasiones es incluso beneficioso ya que nos estresamos con el objetivo de solucionar un posible peligro o una situación de urgencia. Cuando esto ocurre, sentimos que nuestras capacidades, recursos y niveles de energía aumentan, preparando al cuerpo para entrar en acción.

La reacción del organismo ante una situación estresante no es perjudicial en sí misma. En muchas ocasiones es incluso beneficio.

Pero si dicha reacción se perpetúa en el tiempo, puede tener graves consecuencias en el sistema emocional y en la salud.

¿Qué es estrés?

De repente, nuestro sistema nervioso simpático se activa y sentimos rigidez en nuestro cuerpo. Entramos en un estado de alerta y las glándulas suprarrenales comienzan a segregar cortisol. Aumenta la frecuencia cardiaca y la capacidad pulmonar. Se dilatan las pupilas. Simultáneamente, sentimos un fuerte pico de energía. Se libera la hormona glucagón, encargada del metabolismo de hidratos. Mientras tanto, la adrenalina recorre todo nuestro cuerpo, tensando la musculatura. Todos los sentidos se agudizan. Estamos preparados para actuar.

¿Quién no ha experimentado esta sensación? ¿Quién no ha sentido alguna vez el estrés?

Esta palabra proviene del latín, del verbo stringere, y significaprovocar tensión, refiriéndose a aquello que hace que estemos tensos. Por tanto, en consonancia con el mismo significado etimológico, el estrés es el estado de tensión física y emocional que sentimos por la activación del sistema nervioso simpático cuando hacemos frente a un desafío o amenaza. El coctel de hormonas que experimentamos no es sino la respuesta fisiológica de nuestro organismo.

Fases del estrés

Una vez se ha producido una situación estresante, pasmos por 3 fases diferentes.

  1. Fase de alarma. En esta fase, el organismo se prepara para poder hacer frente a la situación. Bien ante una amenaza o por una situación que exige un alto rendimiento.  
  2. Fase de resistencia o de adaptación. En esta etapa, el organismo utilizara todos los recursos provenientes de la fase anterior para poder adaptarse o afrontar aquello que nos está produciendo estrés.
  3. Fase de agotamiento. Se da cuando la amenaza persiste y no estamos consiguiendo una adaptación, provocando un agotamiento energético y emocional, con consecuencias perjudiciales para la salud.

Tipos de estrés

Como dicta el título de este post, el estrés no siempre es malo. Por ello es necesario dividir el eustrés (estrés bueno) y distrés (estrés malo).

Eustrés

El que sentimos cuando no tenemos suficiente tiempo para prepararnos para algo, o cuando hay un peligro cerca. Es el que experimenta un actor antes de salir a escena, un deportista antes de una competición o un estudiante que tiene que encarar un examen.

En estas situaciones, el estrés tiene una función adaptativa, mejorando nuestras capacidades y proporcionándonos recursos para tener mejor respuesta. Como resultado se produce un aumento considerable de nuestro rendimiento, mejora la atención focalizada y se disparan los niveles de energía.

Distrés

Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando prolongamos en el tiempo un estado de eustrés? En este caso, las reacciones del organismo continúan por lo que los niveles hormonales siguen aumentando, al tiempo que agotamos las reservas energéticas, provocando un desplome en el rendimiento.

En ese momento, comenzamos a percibir la situación de manera distorsionada, sintiéndonos sobredimensionados e impotentes.

Consecuencias del estado de distrés:

  • Trastornos del sueño.
  • Pérdida de autocontrol. Lo que provoca que en muchas ocasiones empeoremos nuestra alimentación y optemos por el consumo de sustancias nocivas para la salud.
  • Desmotivación. Apatía. Ausencia de humor. Sensación de falta de energía.
  • Dolores de cabeza. Rigidez muscular. Temblores. Arritmia. Caída del pelo.
  • Irritabilidad. Ansiedad. Ataques de pánico.
  • Hiperventilación, tos, asma.
  • Indigestión. Diarrea. Colitis ulcerosa.
  • Dermatitis. Erupciones.
  • Agotamiento. Fatiga.

Por tanto, la diferencia fundamental entre ambos tipos de estreses radica en el tiempo.

El estrés tiene una función adaptativa siempre y cuando nos ayude a hacer frente a una dificultad o amenaza y nuestro organismo cumpla con las tres fases. Es lo que llamamos eustrés.Sin embargo, si este estado se prolonga demasiado en el tiempo puede dar lugar al diestrés. O como es llamado comúnmente, el estrés.

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